jueves, enero 27, 2011

"Sinvergüenzas"

"Nos estáis vendiendo, nos estáis apuñalando la espalda a cada vuelta que nos damos, cada puto día en que salimos a la calle y os erigís en nuestros defensores, nuestra vanguardia. Os debéis pensar la aristocracia revolucionaria de este estado que se cae a pedazos.

Y lo peor de todo es que no tenéis vergüenza, ni un mínimo de decoro; lo peor de todo es que sois unos elementos que les estáis haciendo el juego a los grandes, a los que dominan y dictan cómo tiene que ser el curso de las cosas. Y os estáis riendo de los de abajo. Eso, a mi juicio, es imperdonable: que os riáis de todas nosotras de esta manera tan burda, dice mucho de lo que sois, de lo que significáis.

Estáis desmantelando el futuro de mucha gente, con vuestro servilismo a los poderosos, a los que quieren romper lo público, a los que quieren echarnos en manos de la banca para tener una mísera pensión que permita a la gente vivir medio-dignamente cuando se jubilen. ¿He dicho jubilar?

¡Qué surrealismo! Si no fuera tan cierto como es, me parecería que esta representación se ha escapado de uno de los mejores cuentos-locos de Cortázar. Y entonces me gustaría, porque sería un genio creador dejándose llevar por lo fantasioso de las pesadillas.

Pero, ¿qué es lo que tenemos aquí? Una panda de desvergonzados que no se atreven a cumplir con su obligación, que no se atreven a partirse la cara por aquellas a las que dicen representar.

A mí no me representáis. No tenéis nada que ver con los que se pegan día a día en las calles por transformar esta representación de democracia. No estáis a la altura ni siquiera de otras sindicales corporativistas que, en toda Europa, están llevando la lucha a las calles. Vosotros solamente sabéis perder la dignidad.

Las de abajo acabaremos aprendiendo a unirnos y a luchar por nosotras y por las que vendrán.

Los traidores se llevarán toda la rabia de los pueblos trabajadores".

España en Marcha - Paco Ibáñez (letra de Gabriel Celaya)

'Ni vivimos del pasado, ni damos cuerda al recuerdo, somos turbia y fresca un agua que atropella sus comienzos, somos el ser que se crece, somos un rio derecho, somos el golpe temible de un corazón no resuelto, de cuanto fue nos nutrimos, transformando nos crecemos, y así somos quien somos, golpe a golpe y muerto a muerto...'

sábado, enero 22, 2011

"Le petit dejeuner"

"Mañana vamos a desayunar frisuelos, preciosa. Permíteme la arrogancia: te estoy hablando de unos frisuelos que nada tienen que ver con eso que en Asturies venís a llamar de la misma forma pero que para mí (lo sé, para algunas cosas soy un chulo) no son más que crepês. Vamos, que no existe relación alguna con esta deliciosa receta de la que te hablo, que me lleva a la infancia, a la casa llena de gente y al recuerdo de estar siempre tirado por el suelo, a veces incluso feliz.

Y por la noche, tequila y risas. A despilfarrar dinero en Don Julio (nunca pagué tan caro por algo de alcohol y tan de buena gana) y a fumar un pitu en la calle, con este invierno que parecía engañarnos pero que, como recuerdan los más viejos, no se lo come el lobo.

A ver si así, entre el frío y los frisuelos, los tequilas, la cama y la risa, nos armamos de valor para recoger todos los trozos de los planes que vamos desparramando por ahí, como si llegáramos borrachos a casa y nos diera por cotillear esa vieja vajilla que tiene mi madre escondida (para el día de nochevieja, según parece, aunque sigo sin encontrarle sentido...).

Bueno, el caso es que hay trozos de vidrio o lo que sea hasta debajo de la alfombra; y por eso el tequila, el tabaco de liar y el despilfarro: a ver si conseguimos juntarlos todos para hacer una nueva figura, o la misma incluso, la forma que acaben moldeando la borrachera compartida y las risas.

Te voy a hacer un desayuno que te va a volver loca, como lo estoy yo.

Solamente podemos seguir alzando el vuelo..."

jueves, enero 06, 2011

"La espera"

"Quería perderme un rato en esta mala costumbre que tengo: este mirar pasar los relojes mientras nacen planes y retos que se difuminan por desidia o mala suerte.

O eso me digo yo, por mala suerte, para mis adentros, mientras escribo desde este bar del norte ya sin humos, sin risas, sin liturgias que compartir (el prohibicionismo como norma, ya se sabe).

En realidad sé a ciencia cierta que no es una cuestión de fortuna, sino que solamente se trata de coraje. A veces éste sale por borbotones; otras parece que te vas desangrando poco a poco. Vamos, que no te das cuenta si sigues vivo y en pie, o si la espera ha acabado de tumbarte, si has perdido la partida.

Mientras suena (lento) el ir y venir del reloj de la entrada, las calles se llenan de presagios que te ahogan en la panadería de la esquina o en las tiendas de esta ciudad en las que se venden libros, pero ninguno de interés.

Las farolas, las aceras, el gentío anuncia la próxima ubicación del Circo de lo Absurdo, en ese mismo parque debajo de casa donde ayer bailaban la alegría, la rebeldía y la rabia. Danza revolucionaria y otro mundo posible.

Y es que la espera es este bar sin humo, esa Solitaria que no puede vivir sin ti y, mientras, te va matando.

Entraremos en este Circo del Absurdo. Quizá precisemos de una canción (Sean Bienvenidos). Que paren la representación. Que mientras la alegría, la rabia, la alegría danzan, arranquemos los asientos: nunca más volveremos a ser espectadores".