sábado, julio 24, 2010

"No hay escapatoria a estas horas que retumban y rompen mis pensamientos.

Parece que ese reloj enorme que tiene la vecina en la entrada se ha empeñado en conseguir que los minutos pasen lentamente: y es que el tiempo procura llevarte la contraria la mayor parte de las ocasiones.

Esa campanita que viene y va; y es que, ¿suena cada hora?, ¿lo hace cada treinta minutos? Yo diría que no da respiros ni siquiera de cuartos de hora.

¿Para qué se harán todavía esos relojes? ¿Por qué la vecina no se dará cuenta de que perturba los sueños de toda la comunidad?

Soy intransigente; pido perdón. Pero odio hasta el sonido tímido del Casio.

El tiempo es parte de todo: hasta ahí bien.

Pero, ¿qué necesidad tenemos de convertirlo en ruido, en continuo recordatorio de que fluye y transcurre y nos lleva?

Yo propondría reunir todos los relojes en la plaza del pueblo, y prender fuego. Más bien sería un sueño fantástico de éstos que me nacen cuando consigo abstraerme de las campanitas.

Sin embargo, ahora no puedo ni idear planes maléficos que acaben con el tiempo.

¿Por qué se han tenido que aliar, esta noche, los pensamientos que atormentan y el incesante ruido del reloj de mi vecina?

Prometo no abrirle la puerta la próxima vez que venga en busca de sal o cualquier otra especia.

Solamente quiero pensar en paz".

miércoles, julio 14, 2010

"Golpe a golpe"

"Miedo.
Ésa parece ser la palabra. Ése parece ser el sentimiento.

Y las entrañas despiertan saturadas de miedo: nadie nos habló nunca de las inseguridades de pasos en falso y futuros más que inciertos.

Las puertas se cierran. Es su turno.

Acabar la carrera sonaba interesante desde la lejanía, cuando parecía que estos años serían una eternidad.

Esa eternidad se ha quedado en nada pero a la vez en todo: es lo que ocurre cuando te la bebes segundo a segundo, como si cada uno de ellos fuera el último.

No hacía falta que nadie nos explicara nada. El miedo es síntoma de lo desconocido, de los horizontes que se abren ante nosotros, de los que no van a parar de presentarse.

Es síntoma de que estamos vivos y de que queremos saborear hasta el último momento de lo que venga por delante.

Golpe a golpe.
Sueño tras sueño.

Seguimos en la lucha..."

martes, julio 13, 2010

"Otro gallo cantaría"

"Si las calles siempre estuvieran repletas.

Si fueran espacio de discusión y reflexión, de identidad.

Si cada día en esas calles encontráramos algo que realmente nos juntara.

Si saludáramos al vecino con más ahínco que a la bandera.

Si entendiéramos justicia como reparto.

Si tomáramos las calles no sólo cuando esté permitido.

Si arrancáramos los carteles que dicen: 'no pisen el césped', 'prohibido pensar', 'sueñe sin hacer ruido'.

Si desobedeciéramos sus prohibiciones.

Si dejáramos volar nuestras ilusiones escondidas.

Si nos lanzáramos ahí fuera a reclamar todo lo que es nuestro,
quizá otro gallo cantaría".

sábado, julio 10, 2010

"No sé, quizá sea una tontería hablar de las esperanzas que tenía de niño, que me crecieron de adolescente, y que parecía que nunca acabarían por materializarse (o por idealizarse, según se mire), y todo sea un espejismo, un oasis en medio de un desierto que nunca creíamos estar cruzando, que resulta que se presentó así, de improviso, seguido de legiones de cuervos empecinados en oscurecer tantas tardes de sol, de lluvia, de sueños.

pero no lo creo.

No lo creo, como no creo en que las cosas pasen porque sí, ni pienso que todo esté escrito de antemano o al menos un guión que oriente la historia hacia un fin predefinido o correcto. No. No creo que las cosas sean así. Y el fin, como el de todos, siempre será el mismo, llegue en forma de carta y de explosión, o con un beso traidor y lacrimógeno.

Pero hasta entonces, no lo creo.

Nada está escrito, y, por lo que me consta, ahora mismo, en esta mesa, en esta casa con gente, en la que me ensancho, me hincho, crezco, soy yo el único que tiene el lápiz entre las manos. Al menos el único que tiene el lápiz de mi vida; y las paredes persisten vírgenes, como no lo hacían cuando éramos niños (sí, más niños, aún, de lo que somos ahora).

¿Escrito? No. Ése no es mi tiempo verbal. Todo se está escribiendo. Y yo escojo que sea una a la primera letra de mi próxima frase, o que la metáfora que crece en mi cabeza comience por cuervos y acabe siendo gorriones, y el sentido oscuro se convierta en blanco, y vuelva a oscuro, y acabe teniendo un color tan ambiguo, tan todo, que quizá nadie, ni siquiera yo, sepa de qué estoy hablando....

Vale, de acuerdo; hablaré desde la locura que me confiere el lápiz mordido; desde la locura de aquellos que, como yo, se encuentran frente a sus mesas, escritores incipientes y salvajes, o permanecen sentados en un bar cualquiera, charlando, conversando, discutiendo y sintiéndose invencibles.

No. Nada está escrito. Todo está siendo escrito. Y lo estamos escribiendo nosotras, nosotros, el mundo...

Nada existe de antemano. El mañana se conocerá, se creará en unas horas.

Lo único seguro son estas hojas en blanco. Estas palabras que dicen y hablan; que se pierden en el silencio, en su propio silencio.

Lo único que verdaderamente puedo asegurar como real son estas ganas increíbles de verte; esta ilusión que me domina e invade, como si aún fuera un niño."