jueves, abril 29, 2010

"Hace mucho"

"Hace mucho que, desde aquí, ni te abrazo ni te escribo (dos maneras de llamar a lo mismo, exactamente lo mismo).

Parece que me pierdo los días, en cosas banales, disputas que nunca fueron mías; no encuentro tiempo para lo que importa, para lo que de verdad importa.

Y quizá hace mucho que no te abrazo desde estas páginas preciosa.

Hoy tengo tus risas incrustadas, y he encontrado el tiempo debajo del asfalto que piso cada mañana, cuando salgo de casa con la cruz a cuestas, he encontrado ese tiempo que alguien, con mala fe, había escondido... Y por eso te estoy abrazando.

Quizá no recuerdo ya la última vez que te hablé de cuervos que se quedan sin palabras; quizá el otro mundo posible del que no me permiten formar parte, se dedique a cortarme las alas, a negarme mi mayor necesidad: escribirte.

¿Cortarme las alas? No.

Ni las cruces que se empeñen en subirse a nuestras espaldas, ni el ruido que despierta en la hora del desayuno, ni siquiera el tiempo que parece que se pierde y que no quiere que lo encontremos.

Tengo tu risa incrustada, el olor a sidra en tardes que nos sirven para escapar, para ahogar nuestras penas, la certeza de que todavía no han conseguido que nos rindamos...

Y en esta tarde ya alargada, después de sidras necesarias y penas que han salido volando desde nuestras entrañas y se han perdido, han desaparecido, te escribo.

Aunque sepa que no tengo por qué hacerlo.

Aunque me leas y me entiendas, sin necesidad de que tenga el lápiz entre mis manos...".

domingo, abril 04, 2010

"Construyen gritos: no sueñan música"

"Parece que los gritos se desparraman por las esquinas, y salir a la calle es lo único que necesitamos para que los prejuicios se hagan fuertes, se incrusten en las paredes y acaben rigiendo nuestros actos, nuestros suspiros, nuestras luchas.

Sí, lo sé, no merece la pena hacerse mala sangre. Dejemos que los pequeños castores sigan sus directrices, sus dogmas, sus luchas teledirigidas, plastificadas e inútiles.

Las cosas no se cambian desde allá arriba; desde ahora no sirve el "Libro"(aunque sea laico), ni la cerrazón, no sirven los grandes discursos que solo funcionan para formar cuadros políticos, nunca personas (y aún menos revolucionarios, no se vayan a equivocar...).

Solamente hay gritos, y pequeños castores, y grandes hilos que parten de la marioneta y acaban vaya usted a saber dónde...

Hay mucho ruido en las calles. Y a veces parece que todo se cae encima, cuando se pegan por las migajas, cuando ves que en 100 años no han pasado de personalismos, de discursos caducos, de un mero culto religioso.

Ven esta noche a casa, preciosa. Abramos esa botella de vino, y salgamos a ver el mar. En el Muro, allá a lo lejos, donde la Lloca, podemos hacer nuestra revolución. Y es que, ¿sabes por qué no lo han entendido? No se lo cuentes a nadie pero el problema es que aún no han pasado del grito al baile.

Y, como sabes, ¿cómo va a haber una revolución sin baile?".