domingo, agosto 30, 2009

"Los Autonautas de la Cosmopista"

"Miro la contraportada del libro. Sus miradas.
¿Qué se les estaría pasando por la cabeza, en ese mismo instante? Sabemos muchas cosas: lo que contaron, otras tantas que suponemos. Pero lo que se guardaban debía ser increíble. Como lo que nos guardamos todos, todo lo que, de puertas para fuera, solamente se puede intuir.

Muchos, con ver la cubierta, ya los llamarían locos. Y si, además, supieran de sus vidas, el desprecio sería inamovible. Otros los tildan de raros, una no muy precisa (y sin embargo, común) palabra para calificar a aquellos que se separan de la norma. Lo más probable es que detrás de estas ideas, solamente se encuentre la cobardía por no haberse atrevido a adentrarse en el camino del bosque menos transitado, aquél que se presentó un día y estaba lleno de maleza, plantas locas y silvestres, sonidos desconocidos, misteriosos, seductores. Sólo es una teoría.

Pero ahí están, en la contraportada. Solos, los dos. No sonríen. Sin embargo, se les intuye felices.

Construyeron su propio camino a través del bosque. Lo que nos llega sólo es la prueba del viaje, el regalo que nos brindan para que florezcan en nosotros mismos los sueños, las expediciones de niños científicos, las ganas de tomar un camino propio.

Quizá en eso resida la grandiosidad de su historia: bien podía haber sido un libro totalmente artesano, destinado a cualquier cajón del armario, para recordar anécdotas en brindis y reuniones de amigos o en algún momento de ésos en que la cueva se llena de susurros, sudor y espirales en el aire, y no hay más soledad posible. Pero no.

Y el último sentido de la historia se entiende sólo gracias a la figura de los pálidos y cada vez más intrépidos lectores (entre los que me incluyo). Un acto altruista, un empujón, una pequeña sugerencia a adoptar un camino alternativo.

Después de mi primera lectura del libro, me lamentaba por no haber tenido la oportunidad de haberlos conocido, porque nunca pude compartir con ellos un trago de Scotch o una taza de café en el Barrio Latino.

Ahora miro esa fotografía de la contraportada, y sonrío: quizá lo más importante de esta historia es que nos empuja a buscar un sendero propio en el bosque, nos invita a ser intrépidos lectores en busca de su autopista paralela, nos enseña que todos podemos ser auténticos, nos muestra la delicia de poder convertirse en loco lindo, y sólo tú establecer los límites.

Bien. De acuerdo. Ellos cumplieron. Es el turno de la contraparte.

Te propongo que creemos nuestra autopista paralela, que salga únicamente de nuestra imaginación. Establecer las normas y límites de la expedición. Y llenar a Fafner de las provisiones necesarias. Llenarlo de libros y música; y la bola del mundo como único mapa.

Probablemente creerás que estoy loco, que soy un raro personaje, que la intrepidez se me ha subido a la cabeza y ahora se llama trastorno.

Pero el caso es que miro esa fotografía, y nos veo: felices como ellos, intrépidos como niños, locos como si fuéramos escritores.

Y sé que detrás de esta sonrisa y mirada cómplice que nos regalamos, se encuentra una certeza: nuestro viaje, que ya hemos empezado por esa bola del mundo que tenemos entre las manos, y no para, de verdad que no, preciosa, no para de dar vueltas..."

viernes, agosto 14, 2009

"Atemporal"

"Agarrarse a la máquina, y dejarse llevar.

Perderme, quizá, por los parajes más recónditos de la tierra, a los que nunca creía que llegarían mis ojos de niño, y descubrir en el trayecto un nuevo mundo escondido y expectante, que nunca se había aparecido en los sueños más profundos y guardados, de ésos que no contamos a nadie, ni siquiera a nosotros mismos.

Pero la máquina es el trayecto en sí mismo. Y te instalas en una pequeña tienda de campaña (pequeña, muy pequeña, lo más solitaria posible), y parece que tiene ruedas y que se mueve: te hace resbalar, rodar, sentir... Hasta te bendice con varias lágrimas indiscretas; o te condena en una sonrisa feliz que, echando la vista atrás, no reconoces en los libros de Historia ni en los tímidos diarios adolescentes que siempre existieron en tu cabeza.

Y casi sin querer, un día acabas cruzando la esquina, y encontrándote de frente con la verdad, con tu verdad que te venía persiguiendo desde atrás, desde otros años, otros tiempos, y también, por qué no, otras gentes, pero que nunca te atreviste a creer. Encuentras, así, la subjetividad que todos necesitamos, ese pequeño reino con todos los suspiros necesarios para subsistir, y más allá aún, para vivir.

No, no prestas ya tanta atención al final: te lo habían advertido escritores y fantasmas, pájaros negros que te persiguían desde los bosques, una conciencia interna que siempre existe, que muy pocas veces escuchamos como debiéramos, los lloros y las carcajadas que se presentan, siempre, en cualquier parte de la marcha.

Porque la vida, esa diosa altiva con multitud de caras, de nombres, de historias, quizá debamos cogerla entre las manos; y saborearla poco a poco, saborearla y digerirla como las páginas de un buen libro, como el vino que baña las noches interminables, como tus besos, como se saborea el día a día, cuando no importa ya la espera, y vemos lo que tenemos delante: lágrimas y risas, abrazos, sueños, borracheras, cualquier cosa que queramos conseguir ahora luego siempre...

Saborear el camino como si fuera el último: ojos abiertos y curiosos, senderos que conducen al misterio, el misterio mismo sin el cual el viaje no tendría sentido, el ahora...

Todo eso, preciosa, y los susurros que parten del alma, llegan a la oreja, como un mordisco o un beso, e, iluminando toda la cueva, se pierden en el aire..."

jueves, agosto 06, 2009

Huyen los cuervos

En esta noche de verano,
te espero tímida y bonita,
escondida y deslumbrante,
como el primer día en que te vi.

Y te invito, si quieres,
a que vengas, y cenemos juntos,
que abramos una botella de rosado,
brindemos en un par de copas de margarita,
tomes la sal de mi cuello,
el limón de mis labios.

Que sí, preciosa,
que los cuervos ya han salido volando.
Y tenemos una noche de sonrisas y caricias
por delante.

Te estoy esperando.

Pero tienes que venir
para que decidamos qué hacer.

Te estoy esperando con millones
de poemas entre mis dientes,
varios vuelos de bajo coste
(en mi mochila),
muchos sueños secretos
que guardo en el cajón de la mesita
para que los desveles...

También tengo varios planes
en mente: algún pequeño concierto,
un proyecto loco que, aunque no lo supiera,
buscaba desde niño,
las dudas y certezas que se esconden
bajo la sonrisa que, ahora sí,
me sabe feliz.

Así que, preciosa, coge nuestra bola del mundo,
y hazla girar en todas las direcciones posibles.

Y piensa en varios sitios que quieras conocer,
quizá algún lugar que persigas desde niña,
la playa más perdida e inalcanzable,
o la calle en la que crees
que Klimt pintó el Beso.

Piensa hacia dónde quieres
que volemos en esta noche de verano.

Y allí, en principio perdidos,
en realidad encontrados,
demos rienda suelta a las estrellas,
a los sueños,
a nuestra autopista...

lunes, agosto 03, 2009

"Una canción de madrugada"

"La música del saxo y la trompeta envuelve la ciudad.

Hemos acabado una cena de las nuestras, con abundante comida, mucho alcohol, brindis y tequilas que nos han despertado los sueños y la garganta.

Ahí enfrente, en el escenario, juegan el viento y la cuerda, las melodías de la tierra, los gritos de revolución que llegan de muy lejos, que sentimos como nuestros.

Y la noche transcurre entre promesas hechas realidad, muchos locos lindos que renacen, que se levantan, que viven, imágenes de inconformismo, de montones de arena bajo los adoquines de la Plaza Mayor...

Y el tiempo pasa veloz como el viento en el que viajan las servilletas garabateadas y las sintonías del tambor.

Te hablo de algún sueño escondido que, no preguntes por qué, aún no te había contado.

¿Qué te parece si nos escapamos a recorrer el Malecón?

Dame la mano, preciosa, y salgamos a disfrutar la ciudad.

Y, quién sabe, quizá en esta noche encontremos aquella canción de Silvio perdida entre las calles...

Y, quién sabe, quizá nuestra noche perdida en la Habana Vieja se convierta, como en el cuadro de Van Gogh, en el sueño, en el salvoconducto, en la realidad de los locos lindos...".