jueves, julio 23, 2009

"Emprendo el viaje.

Ante mí, la carretera que siempre se presenta larga y temerosa. En el estómago, conviven las dudas y las ganas de comerse el mundo, que acabarán triunfando...

Esta noche, como todas, viajaré escondido en el viento; y conmigo, los sueños que me recorren las entrañas y los fantasmas que me vigilan, agazapados, en un rincón del aire.

Esta noche cogeré la autopista con más ganas si cabe.

Porque, resulta, que llevaba mucho tiempo buscándola...

Hoy, en la noche oscura, maleta en mano, te agarro la mano, y abrazo mi conciencia.

Y, ante nosotros, una bola del mundo que no para de girar... una espiral profunda y grandiosa que no para de darnos vueltas...".

jueves, julio 16, 2009

"Y esta noche de verano, saco fuerzas para pedirte que te quedes, pedirte que te escondas entre las sábanas, que me llegues a dar los buenos días mientras hacemos el amor.

Esta noche de verano, te aseguro que no será fácil: desterrar los fantasmas y las pesadillas, los jadeos fríos o los años de angustia que llevo a la espalda.

Pero esta noche, cuando la ciudad se me hace pequeña, y suenan a lo lejos, en el horizonte, los tambores, quédate a dormir y te prometo, al amanecer, ese desayuno de sueños, poemas, abrazos.

Así que mírame con esos ojos cómplices, y sonríe un poco preciosa.

Y abrázame en esta larga noche de verano, mientras recitamos cualquier poema de Rodolfo, o descubro el mapa del tesoro en tu espalda.

Abrázame ahora, por favor, y te prometo que nos comeremos el mundo...".

miércoles, julio 15, 2009

"Esperándonos..."

"Esta noche de verano imagino algún viaje a una playa desierta: lejos de los malos augurios del pasado, de la sinrazón impuesta, del lloro que nos imponemos voluntariamente y que no nos deja caminar.

Porque ya se acabaron las lágrimas de tristeza. Se acabaron los momentos oscuros, las noches con almohadas mojadas, los tragos amargos de alcohol, la nada...

Hoy el alcohol es símbolo de festejo; la lluvia, el daño colateral del brindis; los malos augurios, un espejismo atroz que quiso, pero no pudo, tumbarnos.

En esta noche de verano me imagino perdido por tu espalda de estrellas, por el Capítulo 7 de Rayuela, por Completamente Viernes, por recordar tu nombre y que todo cambie...

Hoy me tumbo en la azotea a contar estrellas: te hablo de silencios, de viajes futuros, de algún libro que me parece increíble, de esa ingenua ilusión por la escritura...

Y, callado, te susurro mis sueños al oído, las ganas perpetuas de escapar, el ansia por abrazarte y esconderme esta noche entre tus sábanas. Y te explico que me gustaría darte una sorpresa, ser impredecible, despertarte con un desayuno de sueños y poemas.

Tumbado en la azotea, lanzo papeles en blanco, llenos de sueños esperando que quizás los encuentres.

Y de repente, a lo lejos, suenan melodías de tambor que llenan el ambiente de colores locos y alegres, de olor a tierra mojada, de espirales que en el cielo se pierden...

Desde lejos me contestas; y de cerca te siento...

Y la noche transcurre entre sueños no escritos, percusión, mucha percusión, lluvia de estrellas fugaces, manos y miradas cómplices que caminan juntas...

Y allá a lo lejos, esperándonos, la autopista París-Marsella...

(¿Me acompañas?)".

jueves, julio 09, 2009

La magia del arte

"Apareció perdido en una sala enorme, repleta de estanterías viejas, comidas por los bichos, y libros usados, muy usados, que parecían el centro de la liturgia de aquel lugar recóndito en el que se había escondido.

Había llegado allí huyendo de sus viejos fantasmas: de los espectros que le perseguían desde niño, las pesadillas que lo acompañaban en sus largas noches de invierno, los escalofríos que le recorrían el cuerpo en algunas tardes de verano en las que todo parecía ir bien...

Recorrió aquellas pequeñas callejuelas franqueadas por altas estanterías, hasta que se encontró de frente con un enorme montón de libros apilados. Se sumergió en aquella montaña que le llamaba desde el centro de la sala, y los vio.

Encontró un pequeño libro de relatos: por juego o azar, cayó en sus manos un recopilatorio de Cortázar, con sus músicos de jazz, su hitchhiking, la Maga, el Cementerio de Montparnasse, las cerillas usadas que habían prendido cientos de Gauloises...

Devoró esos libros que cayeron en sus manos: Shakespeare y sus tragicomedias, literatura de viajes beatniks al estilo de Kerouac, Dickens, Boris Vian y el lobo hombre, los poemas del vencido Vallejo, los leones de Hernández, los reyes que solamente deberían existir en la baraja, como bien dijera Lorca...

En aquellas hojas gastadas, que tenían ese olor tan característico de los libros usados, recorrió la historia de la humanidad.

Fueron largas las tardes que permaneció allí encerrado: entre las novelas, los poemas, los relatos cortos que le volvían loco, esas ganas de comerse el mundo entero, que se encontraba encerrado entre cuatro paredes.

Una noche, harto de tener que iluminar su lectura con velas peligrosas, decidió zambullirse en la montaña de libros y llegar hasta el fondo; en busca, quizá, de algún libro enorme que aglutinara toda la sabiduría y experiencia que se vislumbraba en aquel ambiente...

Después de mucho bucear en aquellas letras ajenas, encontró en el fondo una pequeña libreta, en blanco, y un lápiz por estrenar.

Se había perdido entre aquellas hojas en busca de la esencia de la literatura, persiguiendo el fin último del arte; y encontró, quién sabe si fue por azar, una libreta en blanco y un lápiz nuevo.

Comprendió, al fin, que buscaba en vano aquella esencia del arte que perseguía desde el primer libro que devoró con ansia.

Comprendió, en definitiva, que la única realidad residía en el simple hecho de agarrar el lápiz nuevo, y soñar...".

sábado, julio 04, 2009

"La realidad: en las estrellas"

"Ante nosotros, el camino de regreso: de vuelta al pasado, a la vida aparcada en un sucio cajón del armario, a los viejos amigos, los antiguos fantasmas que un día se cruzaron en el camino, los recuerdos de sueños adolescentes que se han hecho realidad, el rastro de los que se fueron, reencontrarte con la persona que eras hace apenas un par de años...

Reencuentro el viejo bar de tardes alcoholizadas y conversaciones largas que quizá nunca nos llevaron a ninguna parte; y me da la impresión que, en este lugar, las cosas no cambian, y cuando lo hacen, van a peor.

En la barra del bar está el viejo profesor: charlamos un rato de lo cotidiano, de metafísicas varias, de hombres lobos, del gen intelectualoide que muchos creen tener, de la estupidez perpetua de muchos otros... Y la noche pasa, se sobrelleva... Suena el Sabina de los quince, alguna canción con la que un día ingenuo nos comimos el mundo, una historia ya escrita y de sobra conocida se refleja sobre la barra de alcohol y cenizas...

Nos dan las cinco, las seis... y ya me despido.

Emprendo el camino de regreso hacia casa: es viernes, es verano... pero la calle está tan vacía, como hace un par de años, tan vacía como cuando había que pegarse para poder avanzar.

Es un viernes noche, una típica noche de verano, y el cielo está estrellado.

Y yo trepo hasta las estrellas de tu espalda, esas dos estrellas tan relucientes, tan tuyas... Me pierdo por tu espalda, por tus piernas, por tu ombligo sensible, toco tu boca.

Avanzo por esta calle vacía mientras pienso en sueños que seguro que estás escuchando; y emprendo el único camino de regreso válido, ése que me lleva a tus abrazos, a tus besos, a nuestros planes y poemas, a la literatura, a Córtazar y Benedetti, al tambor que muestra melodías venidas de la tierra...

Me pierdo por una calle que siempre ha estado vacía y solitaria. Pero yo no estoy vacío. Porque mis pensamientos están en otra parte, porque me gustaría estar durmiendo en otra cama, porque quiero literatura de la nuestra, porque tú, desde un lugar alejado de esta calle solitaria y oscura, sabes que cada noche, cuando se apagan las luces, me escapo a susurrarte sueños, abrazos... realidades...

Porque sabes que sólo necesito besar las estrellas de tu espalda, para que la calle oscura se inunde de repente de poderosas melodías que hablan en nombre de la tierra...".