lunes, diciembre 29, 2008

"Noche de Reyes"

"Cuando alcanzó los quince años, y se llenó de ese egocentrismo cognitivo que tienen los bebés, y que se vuelve a alcanzar en la adolescencia, comenzó a repudiar la Navidad. Repudiarla a la grande, echando pestes con la boca pequeña, como si fuera un viejo gruñón al que ya nadie hace caso.

Y se llenaba la boca con palabras rebeldes. Se quejaba del gasto abusivo de las luces, de la invasión del Papá Noel yankee, y de todas esas gentes que llevaban en la cabeza, como adorno, unos llamativos cuernos de reno (a decir verdad, quizá en esto último no le faltaba razón).

Quizá era cierto que esas fechas no le habían llamado la atención nunca. Pero tampoco podía negar la evidente predilección que había tenido siempre por los Reyes Magos. Y entonces paraba por un momento de gruñir y se dejaba llevar; se trasladaba a su pequeño pueblo perdido entre los valles, y revivía sus noches de reyes: la cabalgata, las calles ocupadas por las gentes de su pueblo, aquellos pajes pintados de negro que portaban antorchas, los engaños de su reina maga al colocarle los regalos, la serie de escalones que había que superar para acercarse a uno de aquellos Reyes Magos, el escuchar su nombre por un megáfono y creerse único esos diez segundos en que la muchedumbre buscaba a aquel crío que acababan de llamar...

Hoy, en la veintena, aún no ha perdido ese egocentrismo cognitivo que siempre lo ha acompañado. No ha perdido, quizá, ese leve gruñir para sí mismo, esas ganas de cambiarlo todo. Y se dice para sí mismo que las luces están de más, y que la solidaridad no se puede reducir a dos semanas. Y también se queja en voz alta porque la religión lo impregna todo.

Sin embargo, hoy recordó el olor a antorcha quemada. Hoy sintió, de nuevo, el dulce dolor de aquellos caramelos que, perdidos, le daban en la cabeza, que acababan entre sus manos.

Y piensa qué podría pedirle esta vez a Melchor (espera, eso sí, librarse del carbón). Y te susurra al oído si quieres que Baltasar te traiga algo en concreto...

Y, en definitiva, recuerda viejos momentos que un día creyó completamente oscuros. Los recuerda y encuentra un rayo de luz, que le indica, en voz baja, que todavía es Peter Pan, y que aún sabe volar...".

miércoles, diciembre 24, 2008

"La huída"

"Luces de colores en Preciados. Guirnaldas saltarinas en Gran Vía. Saxofonistas en Colón.

Papá Noel ha sido visto en el metro de Chueca. Se rumorea que los Tres Reyes Magos hacen una performance, en el Libertad 8, sobre su odisea en el desierto.

Llega la señora Navidad a Madrid. Ha nacido el primogénito de la paloma. Bienvenidas la alegría y la festividad.

No llegan, sin embargo, el pan y las rosas.

Y el capital, el siempre Todopoderoso, sigue inundando la ciudad de consumo y sangre.

Un niño llora en una esquina. No es el Niño Jesús.
Y parece que no es Herodes quien le da miedo.

Yo me agarro fuerte a ti. Me escondo entre tus brazos. Te susurro algunas cosas al oído. Me sonríes.

Y me pierdo por esta autopista sin fin, con la mirada fija en la próxima parada...".

lunes, diciembre 08, 2008

"Ni retrocesos ni final"

"Anoche volvió al bar de siempre. Encontró a las mismas gentes, las mismas caras, las mismas actitudes estúpidas y cerradas. Encontró también a la soledad que le había acompañado tantos años. Estaba allí sentada, esperando, en el lugar de siempre.

Y le agarró del cuello y le llevó tiempo atrás: le llevó a aquellos años de instituto, años de ideales llevados al extremo, de principios inamovibles, de sueños inalcanzables que la esperanza mantenía vivos. Años de compartir y de luchar. Pero también años de enemistad, de rabia contenida, de odio maldito e insano, años en que el callejón no tenía salida, estaba oscuro y habitado por monstruos de todas las clases, a veces ficticios, otras peligrosamente reales.

Vio lo que quedaba de aquello. Observó cuidadosamente el bar, su bar: el ambiente, los amigos, los no tan amigos, las miradas asesinas... Todo aquello le recordó un viejo aroma que hacía tiempo que no sentía, aquel olor lo transportó a otras noches quizá más oscuras, quizá oscurecidas con los años. Aquello le recordó los quince años, los monólogos ante el espejo, las mariposas que nunca se dejaban cazar, ni siquiera en sueños, la mirada con desdén de aquella rubia desde una esquina de ese mismo bar...

Recordó por qué había decidido romper. Romper con todo aquello que nunca había deseado, que siempre había soportado. Tardó muchas noches en darse cuenta de todo. Muchas noches en que todo parecía bien.

Y es que resulta que un día aquel niño con granos creció. Creció para bien o para mal. Y decidió guardar muchas cosas de aquellos años: los ideales casi perpetuos, el odio a la estupidez, la búsqueda de sus sueños...

Anoche se levantó de su asiento en el bar. Le tocó en la espalda a aquella vieja amiga, aquella soledad que seguía ahí, esperando, y le escupió en la cara. Y le soltó todo lo que pensaba, todo lo que había pensado siempre, todo lo que, ahora, era capaz de decir.

Y es que romper con todo lo malo le parece una necesidad... Hace tiempo que se ha dado cuenta que sus únicas vueltas atrás son en espiral.

Y sabe que no está solo en este viaje que han emprendido por la autopista. Porque sabe que están en la carretera, y que no hay retrocesos ni final...".