martes, octubre 21, 2008

"¿La utopía? A un paso..."

"Aún hoy recuerda los tiempos oscuros, llenos de nubes grises y de vientos que destruían todo.

Recuerda como se sentía años atrás, cuando parecía que nada tenía sentido, cuando buscaba una salida que no conseguía encontrar.

Aún no ha olvidado las miradas ansiosas, que esperaban verlo caer. Las miradas que lo empujaban a meter la pata, las palabras que lo hacían retroceder.

A veces incluso recupera aquellos episodios de rabia, de odio contenido, que tampoco le permitían avanzar.

Ahora, en ocasiones, se mira el espejo y ve quién era: observa a aquel niño con granos, que soñaba con cazar mariposas, que soñaba con ser cogido de la mano por aquella inalcanzable Venus de Milo, que lo llevaría a un lugar mejor... Recuerda a aquel niño, y mira las cicatrices que dejaron sus heridas...

Entonces le vuelve la tristeza. Y piensa que vuelve a sus poco añorados quince años. Y se siente tan solo, tan perdido, tan inexistente... como lo estaba entonces.

Pero las heridas acaban convirtiéndose en cicatrices. Y, al fin y al cabo, son marcas de guerra, que nos dicen lo fuertes que podemos llegar a ser, que nosotros tenemos la capacidad de llevar la luz a esas tardes grises.

Hoy, delante del espejo del baño, recuerda sus tardes grises. Y sí, por qué negarlo, es posible que la tristeza le invada, pero sólo por un instante. Porque enseguida recuerda todo... Recuerda que las heridas han cicatrizado, y que no hay razón para preocuparse. Y recuerda que ya caza mariposas, y que ya abraza a la Venus de Milo.

Y sabe, además, que aunque las heridas se puedan volver a abrir, aunque desaparezcan las cicatrices, aunque el hombre del traje gris le vuelva a alcanzar... nunca dejará de haber un rayo de luz, que se cuele entre los nubarrones oscuros, y que nos indique que la utopía sigue ahí, a un paso, y que nos está esperando...".


Para mi amigo Alatriste, que tarde o temprano acabará, seguro, encontrando la utopía...

Un abrazo

jueves, octubre 16, 2008

"Mientras hago tiempo para verte"

"Estaba sentado en un banco cualquiera del parque. El día estaba nublado. Para él los días eran oscuros desde que lo perdió todo.

Llevaba ropas viejas, ropas de ésas que se utilizan en los días de faena, cuando hay que pintar la habitación o lavar el coche. No tenía zapatos. Sus pies estaban llenos de llagas. Él era una herida de este sistema decadente, de sus conciudadanos ciegos.

Un día, cuando era un simple contable, su mujer lo dejó y se marchó bien lejos. Y no pudo ayudarse de aquellos amigos de siempre, porque no los tenía. Y no pudo volver al regazo de su familia de origen, porque tiempo atrás había roto unos lazos que, en lugar de abrazarlo, lo ahogaban.

Y se refugió en el bar de la esquina.

Desde allí pudo ver cómo perdía su casa, su trabajo... la vida por la que tanto había luchado.

Hoy ya nadie recuerda a aquel hombre: ni su mujer, ni los amigos con los que descubrió lo que era la vida, ni siquiera esas almas que conoció en los rincones más oscuros de los bares...

Y hoy, me lo encuentro sentado en un banco cualquiera del parque. Con sus pies heridos, con su alma perdida, con su vida olvidada.

Hoy me lo encuentro en el parque mientras hago tiempo para verte.

Está dando de comer a unas palomas...

Y yo todavía me atrevo a quejarme porque llegas tarde..."

jueves, octubre 09, 2008

"Susurros"

"Susúrrame, por favor, al oído cuáles son esos sueños que persigues. Susúrrame que te dé la mano, y que camine contigo, mientras se hacen realidad".

domingo, octubre 05, 2008

Rayuela (Julio Cortázar)

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.

"Agárrate fuerte a mí... Agárrate fuerte a mí, y no me sueltes...".