lunes, julio 07, 2008

"Inmortales"

"Y la citó tres horas después de haberla dejado en ese mismo portal, después de una noche de risas, paseos, vuelos, horas interminables... Y puso su despertador tres horas después, para acercarse a su portal y decir hasta luego. No dijo nada, no podía ni intentarlo, cuando la miraba, cuando la besaba mientras se escondían del frío en su edificio, se le caían las lágrimas. Se le caían porque no quería marcharse, porque quería estar allí todo el tiempo que pudiera, porque le gustaría esperarla todos los días cuando saliera de casa o cuando saliera de trabajar, para quemar la ciudad junto a ella.

En su lugar, ya que no se pudo despedir como le hubiera gustado, le hizo un escrito, en el que le contó todo lo que había sentido en este último tiempo, rememoró todo lo que habían hecho, y le susurró, con su escritura simple, modesta, todo lo que iban a hacer cuando él volviera, cuando se reencontraran...

Se fue a su casa, entre sollozos, como si fuera un niño pequeño al que han quitado una piruleta, o al que han echado de su columpio favorito a la hora del recreo. Llegó a su casa, se dispuso a recogerlo todo, a no dejar ni rastro de que él hubiera pasado ese año por allí. Mientras guardaba la ropa en su maleta negra, erosionada por viajes y viajes, sonó su teléfono, recibió un mensaje.

En el mensaje, ella, tendida en su cama, desde su casa, le decía lo que había sentido al leer la carta, lo que sentía cada vez que lo veía, lo que sentía a su lado... Ella en su casa; él camino al lugar del que salió tiempo atrás; los dos, separados, pero juntos, compartían sueños, sentimientos, vuelos... los dos sabían que, en un tiempo no muy lejano, volverían a estar juntos, haciendo todas esas cosas que les quedaban por hacer... sintiéndose, uno y otro, inmortales...".

martes, julio 01, 2008

"Nunca te entregues ni te apartes "

"Entonces se acordó de aquel poema de José Agustín Goytisolo, de su 'Palabras para Julia', de Paco Ibáñez, sentado, encima de un taburete de cualquier teatro, cantándolo, recitándolo a pleno pulmón, haciéndolo suyo...

Y la imaginaba tendida en su cama, mirándolo, dejándose querer; y se imaginaba a sí mismo, junto a ella, susurrándole al oído todos esos versos que un día escribió, pensando en ella, como pensaba en ese mismo instante en que la observaba tendida en la cama, en que la sentía con los ojos, con la boca, con las manos...

Y le susurraba, una y otra vez, todos esos versos, todas esas palabras, todas esas ganas de escapar que había ido reuniendo poco a poco, durante este último año a su lado...

Le susurraba todo eso, y prometía que, juntos, harían sus sueños realidad."