En esta noche de verano,
te espero tímida y bonita,
escondida y deslumbrante,
como el primer día en que te vi.
Y te invito, si quieres,
a que vengas, y cenemos juntos,
que abramos una botella de rosado,
brindemos en un par de copas de margarita,
tomes la sal de mi cuello,
el limón de mis labios.
Que sí, preciosa,
que los cuervos ya han salido volando.
Y tenemos una noche de sonrisas y caricias
por delante.
Te estoy esperando.
Pero tienes que venir
para que decidamos qué hacer.
Te estoy esperando con millones
de poemas entre mis dientes,
varios vuelos de bajo coste
(en mi mochila),
muchos sueños secretos
que guardo en el cajón de la mesita
para que los desveles...
También tengo varios planes
en mente: algún pequeño concierto,
un proyecto loco que, aunque no lo supiera,
buscaba desde niño,
las dudas y certezas que se esconden
bajo la sonrisa que, ahora sí,
me sabe feliz.
Así que, preciosa, coge nuestra bola del mundo,
y hazla girar en todas las direcciones posibles.
Y piensa en varios sitios que quieras conocer,
quizá algún lugar que persigas desde niña,
la playa más perdida e inalcanzable,
o la calle en la que crees
que Klimt pintó el Beso.
Piensa hacia dónde quieres
que volemos en esta noche de verano.
Y allí, en principio perdidos,
en realidad encontrados,
demos rienda suelta a las estrellas,
a los sueños,
a nuestra autopista...